Afinando Vael


¡Saludos! Soy Dani, y tengo el placer de inaugurar nuestro blog con una primera entrada. Cada uno de nosotros utilizaremos esta vía para escribir sobre el proyecto que nos une para que, de esta manera, podáis conocernos un poco mejor. ¡Vamos a ello!

Hace unos días, nuestra compañera Violeta nos enseñó una foto de febrero de 2016. Fotografió la vieja libreta que utilizaba entonces para hacer anotaciones en las reuniones sobre el proyecto musical, que por aquel entonces se encontraba muy poco definido.
La frase “Objetivo: tocar afinados” encabezaba una lista en la que anotamos un montón de posibles nombres, como Ataecina, Busgoso, Queso de Oveja, Alce en celo o The Donegal Trumps. Me hizo muchísima gracia, porque es verdad que teníamos muchos problemas para tocar los temas tradicionales en la misma afinación, y así lo manifestó Violeta con el sentido del humor que le caracteriza.

Ha llovido mucho desde 2016, el año en el que empezó la etapa previa a lo que acabaría siendo Vael. Por ello, me gustaría dedicar mi primera entrada del blog a estos orígenes que no mencionamos habitualmente, porque por aquel entonces no podíamos hablar de Vael como proyecto. Al menos, no como el proyecto que es en estos momentos.

Un poco de historia

Todo comenzó durante el verano de 2015, momento en el que unos amigos tuvimos la idea de hacer algo musical juntos. La idea me entusiasmaba porque, a pesar de que mi nivel como músico dejaba mucho que desear, había descubierto que me encantaba jugar con el sonido. Tras toda una vida pensando que yo no valía para eso, el verme con más confianza y ser apoyado por mis más cercanos me animó a proponerme nuevos retos.
El proyecto comenzó como comienzan la mayoría: con amigos, inexperiencia e ilusión; y los amigos en aquel momento éramos Macarena, Joel, Lucía y yo.

Guillermo y Violeta tampoco tardaron mucho en incorporarse al equipo, sin estar ya Lucía, y menudo equipo. Los primeros días los pasábamos más haciendo el gamba que siendo productivos. Mucho “Señor de los Anillos”, mucha irlandesada, y la necesidad de encontrarnos a nosotros mismos en el caos que habíamos originado. Caco tampoco se demoró mucho en llegar, y ya comenzábamos a hablar de que nos gustaría hacer algo llamado “subnofolk”. De veras, algunos nos lo tomamos en serio.

Fue la época en la que creamos nuestra primera canción: “Uncle Caco”, que versaba sobre las aventuras familiares de un Caco ficticio. La letra estaba escrita en tono de humor y por mucho tiempo la cantamos por las risas. El caso es que era pegadiza como ella sola y, a día de hoy, aún la recordamos con cariño.

Una vez ingresé en la banda de Folk Metal de Caco, Ocelon, nuestro pequeño proyecto sin nombre pegó un parón porque ese caos que teníamos se manifestaba en muchas cosas, como la puntualidad, el organizar ensayos, la dispersión de ideas y demás. El descanso vino bien, aunque por el camino perdimos a Joel. Pero como bien se dice: cuando una puerta se cierra, una ventana se abre.

Me encantaría hablaros de cómo fue mi estancia en Ocelon, pero esta entrada no trata de eso aunque sea algo importante para mí. Aun así, al año de entrar y

o en esta banda pudimos desbloquear nuestro proyecto personal. Con renovadas energías comenzamos a experimentar, saliéndonos de las reglas tradicionales, y generando composiciones un tanto siniestras. Con la ayuda de David (también de Ocelon) comenzamos a improvisar y a grabar estas improvisaciones. De una de estas, combinada una composición que traje un día de casa, nació “The Hunt”.

Afinando Vael

Violeta y Macarena, en uno de los primeros ensayos

Afinando Vael

Joel, Caco y yo haciendo subnofolk

 

 

El nacimiento del concepto

“The Hunt” (The Wild Hunt, o la Caza Salvaje en su origen) fue la piedra angular de lo que terminaría siendo Vael, pues abrió un camino que todos queríamos recorrer. La canción fue la suma de muchas cosas: potente percusión, elementos primitivos, elementos del Norte de Europa, rumba y frenesí. Después añadimos cambios de rollo, la letra que escribió Macarena junto con su canto lírico, canto kargyraa de Mongolia y demás, lo que la convirtió en una canción multicultural y multidisciplinar. Y es que habíamos logrado enfocar el caos que teníamos antes, pues somos personas con influencias y gustos diferentes, en un único concepto.

A partir de entonces pudimos empezar a hablar del “Panfolk” y, por tanto, de Vael. Con esta carta de presentación ya definida comenzamos la búsqueda de nuevos compañeros con los que trabajar, pues tanto Caco como David se quedaron sin tiempo para dedicarle a esta cosa tan bonita que habíamos hecho entre todos. Así fue como llegaron Camilo, Jose y Teresa, aportando cada cual su toque personal a la amalgama de “The Hunt”.

Todos juntos, ya como una banda equilibrada, fuimos trabajando y compartiendo. Definiendo y construyendo, ahora con una idea y un propósito claros. Tenemos muchas canciones diferentes inspiradas en diversas tradiciones musicales, pero podemos decir que todo lo que hemos hecho hasta ahora nació con “The Hunt”, tanto en concepto como en la manera de trabajar. Es por ello que no tenemos canciones que hayan sido compuestas por un único compañero, sino que todas reúnen los gustos y aportaciones (muy diferentes en muchos casos) de todo el equipo.

Así fue como afinamos Vael. Cada persona importa, así como nuestros inicios en 2016, las risas y las idioteces, el “subnofolk”, “Uncle Caco”, y todas las perlas que nos han acompañado desde entonces. Personalmente, no puedo estar más agradecido a todos mis compañeros, tanto a los que están como a los que no, por haber querido compartir conmigo la ilusión, el trabajo y todo lo que conforma este proyecto tan plural y tan bonito. Ya solo nos falta tocar afinados.

Afinando Vael

Vael en 2018, a falta de Jose


Acerca de Daniel

Tin whistle, low whistle, cítara, gaita gallega, hulusi, canto kargyraa y coros. Además de músico, soy profesional de la comunicación, un apasionado de las culturas del mundo y de los videojuegos.

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